Aqui Lindsey Donovan informando para el canal 5. Acabamos de recibir una grabación, de un reputado guionista de Hollywood, llamado Andrew Novell, al parecer, estuvo en lo acontecido en Australia, pronto lo tendremos en este canal para todos vosotros, ahora os dejo con la grabacion, solo puedo decir una palabra, escalofriante.
"Por suerte siempre llevo mi grabadora conmigo. Es curioso, he grabado millones de ideas en esta cinta, todas ficticias, es la primera vez que voy a utilizarla para contar la verdad. Es tan curioso ya que hay muchas más posibilidades de que nadie pueda escucharla, si es que ocurriera, que de saber quién habla a través de esta grabación: mi nombre es Andrew Novell.
Fue tan repentino, tan brusco, son cosas que sólo vemos en una pantalla grande y bajo el amparo de la oscuridad en un cine, con un sonido envolvente que nos hace creer que de verdad estamos viviendo ese momento. Pero cuando ocurre de verdad, justo en el momento después de la incredulidad, de repetirte mil veces que no puede estar pasando y de la indescriptible sensación que paraliza tu cuerpo por completo, te das cuenta que no estás en un cine, que no es alguien de efectos especiales realizando el Tsunami más impresionante jamás visto, sino que es verdad, que tu vida está en peligro, que aquellos que mueren arrastrados por la corriente, ahogados bajo el agua, ante tus ojos, no son extras que luego se toman un bocadillo y un refresco después del rodaje; entonces es cuando miras a tu alrededor y reaccionas, como lo haría cualquier persona: echas a correr intentando salvar tu vida.
Será mejor que ordene mis ideas, y empiece por el principio, sería imposible de juzgar esta cinta, sin conocer al menos parte de la vida de su interlocutor. Me dedico a la que tal vez sea la profesión más infravalorada dentro del cine. Soy el ingenuo que cree que llegará una persona con visión que entienda mi punto de vista y comparta mi estilo. Que esa persona rodará lo que he escrito porque le interesa, porque le ha llamado la atención, porque he conseguido llegar dentro con mi idea: soy guionista de cine, y hacedme caso, las ideas son buenas dependiendo del número de ceros que acompañen a la cifra que el productor cree que puede recaudar con tu idea.
He visto como una película escrita por mí era cambiada por completo; me habían pagado, vale, pero a una puta le pagan por darle por el culo y eso no implica que le guste, sólo que tiene que pagar la factura a fin de mes. Por regla general no cuentan conmigo para ir a un rodaje para ayudar al director a captar la esencia de aquello que había escrito, siendo sinceros, hubiera preferido quedarme en casa, pero no, estaba contento, por fin un director me quería en el set de rodaje, estaba más implicado de lo normal con la obra que había escrito, había pasión por contar algo, tenía la intuición de que disfrutaría de un buen rodaje en Australia. Como siempre, ingenuo de mí.
Llegamos a Nueva Zelanda en un jet privado para el equipo creativo del rodaje alrededor de las nueve de la mañana. Me sentía cansado, era normal. Pensé en darle el primer trago a mi petaca, pero preferí dejarlo para más tarde, cuando bajara del avión podría darle un buen trago, y fumarme un cigarro, ya que en el interior del avión, estaba prohibido. Teniendo en cuenta el cambio horario y que habíamos salido muy temprano de Los Ángeles, nos esperaba un día duro porque teníamos que visitar las localizaciones antes de comenzar a rodar al día siguiente.
George Foreman era el director de la película. Todavía era un novato con ganas de empezar. Había realizado una película anterior de bajo presupuesto. Una película de carácter independiente, que había gustado mucho a crítica y público, así que el estudio le dio una oportunidad con una película de presupuesto más elevado.
Michael Donovan era el productor, no sé porque viajaba con el equipo creativo. Lo único que hizo durante todo el viaje era poner pegas: esto no se puede hacer porque es muy caro, por qué no realizamos esto de esta manera en vez de ésta. Muchas veces comparo a los productores con los críticos de cine: son los amargados de la profesión. Para ser honestos, son una parte importante porque son los que se preocupan para que las cuentas cuadren y tengas todo lo que necesitas para rodar, son realistas, prácticos... Pero yo quiero dar un mensaje, contar algo con lo que escribo. Ellos, bueno, quieren contar los billetes de la recaudación, que sinceramente, a mí no me importa porque yo ya he cobrado antes.
Por último Sergei Karkov, el director de fotografía, ruso de nacimiento, pero criado en Los Ángeles, es de esas personas entrañables, duro y seco, pero a su vez amable, siempre se esfuerza por conseguir aquello que has pedido. Si da un consejo es porque cree que puede beneficiar a la película con ello y no por su carrera hacia los Oscar. Había trabajado en varias películas guionizadas por mí y siempre me llamaba para comentarme lo que había visto al leerse el guión. Realmente lo podía considerar mi amigo; sabía por donde me movía siempre, lo que quería; era algo de agradecer.
Había más gente con nosotros en el avión, estaba el ayudante de dirección, que su trabajo es gritar más alto que los demás, para conseguir hacer lo que quiere el director; el operador de cámara, que tenía que ser tan preciso como un francotirador además de ser los ojos del director de fotografía. Pero la verdad, no tuve demasiado trato con ellos, para nombrarlos, y siempre he dicho que si algo se puede cargar una historia, es rellenarla de personajes, que luego no puedes detallar lo suficiente y al lector no les importe en absoluto.
George Foreman y Sergei Karkov me habían invitado a la reunión que tendrían para hablar sobre lo que rodarían mañana. Estaba con ellos sentado en un bar en Nueva Zelanda tomando unas cervezas como es costumbre. George no dejaba de gesticular con sus manos mientras hablaba de lo bien que quedaría ese plano general donde veríamos toda la isla de Australia hundiéndose en el mar. Lo contaba de una forma tan apasionada que tanto Sergei como yo nos manteníamos embobados escuchándole.
Yo ya conocía a Sergei y sabia que estaría muy preocupado por detalles técnicos como mantener acorde la iluminación, teniendo en cuenta que grabábamos dos días diferentes, y en la película se supone que no pasa más de unos cinco minutos. Fue entonces cuando en la televisión comenzaron a invadirnos con noticias de los recientes acontecimientos ocurridos por todo el mundo.
Hace seis meses que el satélite Esperanza fue lanzado con la intención de controlar el clima, pues el desajuste climático cada año era mayor. Ya ocurrió alguna catástrofe como la que tuvo lugar en Sri Lanka o los continuos terremotos de Japón y California o los numerosos incendios en España. Antes teníamos cuatro estaciones al año, ahora sólo quedaban dos: el Verano y el Invierno, con temperaturas exageradas en ambos casos. Muchos ancianos morían de infarto a causa de este problema, incluso enfermedades perdidas habían vuelto por culpa de los dichosos mosquitos.
La cuestión es que el lanzamiento del satélite fue un fracaso y éste estalló en la atmósfera. Nadie pensaba en las consecuencias que podría tener algo así, pero ahora las noticias comenzaban a bombardear constantemente con los problemas que había causado, y yo me había aprovechado de la situación, y había realizado un guión para una película de catástrofes, que comenzaba con el hundimiento de Australia, como si fuera la Atlántida, una escena que dejaría a todos clavados en sus asientos deseando ver más.
Llevábamos once años escuchando noticias y proyectos. Incluso las grandes multinacionales habían invertido millones en el viaje a la Luna y la preparación de la misma para vivir en ella. Se llamaban a sí mismo “Proyecto Éxodo”, desde luego. Esa gente había visto demasiadas películas como Desafío Total.
En ese momento hizo aparición Michael Donovan, sudando, andado rápido, nervioso, se paró frente a nosotros y nos comentó que había que adelantar el rodaje. Al parecer se acercaba una fuerte tormenta que nos dejaría sin poder salir de Australia durante una semana. Nosotros habíamos pactado tan solo dos días de rodaje y, por lo tanto, quedarnos allí siete días era una gran pérdida de dinero. Así que teníamos que rodar de inmediato. A los tres se nos puso cara de tontos; eran escenas muy complicadas y es imposible que las pudiéramos hacer todas en tan solo un día.
Michael Donovan se marchó sin dejarnos replicar más, dejando claro que no pensaba discutir sobre el tema. Mientras se marchaba logré escuchar como llamaba al ayudante de dirección para que diera órdenes y comenzara a prepararlo todo inmediatamente. George se tomó la cerveza de un trago, le entró hipo a causa del gas, y dejó escapar un bufido, mientras se iba a toda prisa. Así era él, un manojo de nervios, apasionado y con ganas de hacer las cosas bien. Sergei me miró e intuí su preocupación mientras se ponía su chaqueta vaquera y salía de allí, sin ni siquiera tomarse la cerveza. ¿Cómo cojones pensaban hacerlo todo en un día? Se tenía pactado dos días de rodaje y hacerlo en uno era imposible.
Mientras rodábamos todo era tensión y prisas. Yo tuve un par de enfrentamientos directos con Michael Donovan, que decía que no hacía más que retrasar las cosas perdiendo el tiempo en charlas con el director y que no tendría que haber ido allí. Viéndolo a toro pasado, le doy la razón, pero en aquel momento lo mandé a la mierda, mientras George se peleaba con el ayudante de dirección, por tener una toma más, ya que no le había convencido la última que había realizado, y, Sergei trataba de luchar con la puesta de sol a base de focos para mantener el racor de luz, cosa que le estaba costando cada vez más. También había llegado el helicóptero con el que haríamos alguna toma aérea, pero teníamos que darnos prisa porque la luz sería muy difícil de retocar y el sol no esperaba a nadie.
Estábamos en un lugar bastante apartado de todo, así que es normal que nadie pudiera avisarnos de la que se nos venía encima. No logro imaginar la cara del operador de cámara, cuando montó en el helicóptero, para realizar la toma aérea y vio lo que vio; bueno, lo que vimos todos en los monitores: una enorme ola se acercaba desde la lejanía. Al parecer al operador le entró sucumbió al pánico porque la cámara comenzó a moverse y, maldita sea, las olas venían por todas partes; algunas incluso ya habían impactado. Se veía pequeñísimo desde la altura a la que grababa el helicóptero y también a causa de la lejanía a la que se encontraban, pero lo único que podíamos hacer era mirarnos, mientras nos llegaba la voz del operador por el walkie, diciendo que nos teníamos que ir de allí YA. "
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