"Michael dio la orden de recoger todo pero el pánico se extendió. Pocos fueron los que le hicieron caso. La mayoría se marcharon corriendo en dirección a donde estaban los dos aviones, el del equipo y el del equipo creativo. Entonces caí en la cuenta. Mierda, mierda, los aviones se encontraban justo donde el operador había enfocado el choque de la primera ola gigantesca. No sabía cuánto tiempo teníamos pero desde luego no sería demasiado.
Ayudé a Sergei a recoger todo su equipo y meterlo en la furgona. Cuando me percaté, el helicóptero ya no se encontraba allí. Evidentemente se habían marchado, esperaba que al menos tuvieran la decencia de pedir ayuda. Allí nos montamos George, Sergei y yo, nadie cabía atrás. Michael, desde que dio la orden, se había montado en su jeep y había salido cagando leches de allí.
Discutíamos por la dirección a tomar, entonces comenté mi descubrimiento: no teníamos ni puta idea de a dónde ir. ¡Maldita sea, no somos de aquí! ¿A dónde cojones vamos?. Mientras lo pensaba, un sonoro golpe precedió a un movimiento de tierra, la carretera comenzó a abrirse ante nosotros y Sergei tuvo que dar un brusco giro al volante para evitar que acabáramos en las entrañas de la tierra. Se introdujo en un bosque, desde luego no fue la mejor idea que tuvo porque los árboles comenzaron a caer uno detrás de otro. No quise ni abrir los ojos. Si venía la muerte a nosotros prefería no mirarla a la cara. Sin embargo, George no hacía otra cosa que gritar por donde veía un árbol caer para que Sergei tuviera tiempo de esquivarlo. Pero al final sucedió lo inevitable. El tronco de un árbol cayó en el capó del coche provocando un fuerte frenazo y rompiendo los cristales. Escuché un golpe seco y luego me visitó la negrura.
Cuando desperté debía de haber pasado poco tiempo porque aún veía a lo lejos algunos árboles cayendo. Miré hacia el exterior y estábamos rodeados por árboles caídos. Sergei se encontraba inconsciente, con la cabeza sobre el volante y no era difícil distinguir la sangre que lo bañaba. George había corrido peor suerte, la rama de un árbol había atravesado la ventanilla y una desafortunada rama le había atravesado la cabeza por completo. Sin duda estaba muerto.
Intenté abrir la puerta pero estaba atascada seguramente por los troncos caídos, así que tuve que partir con los pies la ventanilla y salir por ella como pude, no sin antes llevarme un par de regalos en forma de cristales clavados en mis piernas. Miré alrededor y el espectáculo era digno de una película: lo que antes era un bosque ahora no era más que arboles caídos y grietas en la tierra. El viento traía el sonido de gritos provenientes de todas partes. Justo en ese momento Sergei movió la cabeza en el interior del coche. Al parecer seguía con vida.
Con rapidez fui hacia la ventanilla del coche, arranqué una pequeña rama de árbol y le hice una señal para que se tapara como pudiera. Con un par de golpes secos conseguí romper la ventanilla. Por suerte, Sergei no había quedado aprisionado dentro del coche, se agarro a mí y entre los dos conseguimos que saliera del coche. Apenas podía andar y estaba conmocionado por la herida en su cabeza, pero no podíamos perder el tiempo, así que se apoyo en mí y continuamos caminando.
El ruido que venía por todas partes era ensordecedor. No teníamos ni idea del horror que divisaríamos en poco tiempo. Nos encontrábamos en el comienzo de una colina bastante alta que nos daba la oportunidad de ver parte de Nueva Zelanda. Desde arriba, cuando al final conseguimos alcanzar la cima, era increíble el horrendo espectáculo que divisábamos a nuestro alrededor.
A lo lejos la ciudad se encontraba en su mayor parte sumergida. Para que os hagáis una idea, imaginad que se desbordara los canales de Venecia, dejando prácticamente visible sólo el último piso y el techo de los edificios. Un vistazo alrededor hacía que las cosas pintaran aún peor. Las olas de alrededor arrasaban con todo. Se podía contemplar el avance inexorable del mar llevándose tierra, coches y a los incautos que corrían en diferentes direcciones. Visto desde aquí era un espectáculo dantesco.
Tal fue la impresión por lo que vimos, que Sergei se puso a vomitar, no era para menos. Desde donde estábamos era imposible divisar una salida. Y pensar que nuestro final sería como el principio de mi película aparte de irónico, era una putada. En ese preciso momento, los ojos de alguien desesperado por buscar una salida se fijaron en un detalle muy importante: Sergei me señaló hacia el suroeste. La misma dirección donde habíamos visto la primera ola lejana en el monitor, se encontraba aún impoluta pero sólo hacía falta echar un vistazo más hacia delante para ver esa inmensa ola que se acercaba. No sabía si tendríamos tiempo para llegar y si ni siquiera encontraríamos algún modo de salir pero era lo único que nos quedaba, así que nos pusimos en camino. Ver que nos dirigíamos hacia esa ola gigante me hacía pensar que era una estupidez, pero un hombre desesperado hace cualquier estupidez por sobrevivir y nosotros no íbamos a ser la excepción.
El camino era lento y tortuoso. Ir arrastrando de Sergei era terrible, además se estaba haciendo de noche, en poco tiempo no podría ver ni por donde iba pero tampoco quería dejarlo tirado, eso es algo que habría hecho Michael Donovan, pero yo no. El pobre de Sergei apenas podía continuar, estaba cargando con él por completo. De nuevo un temblor de tierra. El suelo comenzó a separarse a nuestros pies, yo conseguí saltar a un lado pero Sergei apenas tuvo tiempo de reacción, iba a caer hacia el fondo. Tuve tiempo de agarrarle por el brazo aunque me valiera dar un golpe contra el suelo y encontrarme junto al borde del precipicio, sujetándole. La tierra continuaba temblando, como si nos empujara a ambos hacia el inmenso precipicio que se encontraba a los pies de Sergei. Sus gritos indicaban que desde luego lo último que quería era morir, al igual que yo, que le pedía constantemente que tratara de trepar por mi brazo, ya que Sergei pesaba mucho, y yo no podía levantarlo. Cada nuevo intento de Sergei me acercaba más al precipicio. La mitad de mi cuerpo ya se encontraba en él, estaba desesperado, veía como caeríamos los dos, y entonces es cuando hace acto de aparición el instinto de supervivencia, giré el brazo para soltar la mano de Sergei y, lo conseguí. Cerré los ojos y escuche el grito agónico de caída de Sergei. Él no quería morir. Yo tampoco.
Conseguí incorporarme, aturdido, no podía culparme de lo sucedido, no se podía hacer más, lo había intentado. Supongo que hablo de esto, porque mi conciencia aún hace que lo recuerde. Si hubiera conseguido salvarle ahora estaría hablando con él y no con una grabadora, no estaría solo, a oscuras, esperando el inevitable desenlace de esta historia.
Salí corriendo sin mirar atrás, la noche hacía acto de aparición y con ella la más absoluta oscuridad, era imposible seguir corriendo. La poca luz que desprendían las estrellas no era suficiente para guiarme hacia algún lado, así que busqué como pude un árbol. Conseguí divisar uno no demasiado grande y arranqué una rama, luego me quite la camisa, le eché el alcohol de mi petaca, y le prendí fuego con mi mechero. Desde luego no era una linterna, pero era mejor que nada.
Cuando llegué a mi meta pude observar que no había nadie allí. Era un pequeño pueblo costero pero se encontraba vacío, de seguro la gente que había visto venir la ola había huido inmediatamente de allí, y, yo, sin embargo, me acercaba sabiendo que era la única zona que aún no se encontraba arrasada por la fuerza de la naturaleza. No sé porque había pensado que tal vez encontraría un pequeño helipuerto. También había tenido la estúpida idea de que hubiera un barco y pudiera bordear la tormenta, pero viendo de cerca la ola que se avecinaba, era correr hacia una muerte segura.
Mi última opción era encontrar algo que sirviera de refugio, tenía que pensar en algún lugar alto, y entonces me vino a la mente que tal vez, lo mejor hubiera sido no moverme de aquella colina. Sergei seguiría con vida y algún helicóptero de rescate vendría a por nosotros antes de que nos muriéramos de inanición o sepultados por el mar, lo que viniera primero. Gracias a Dios, que si algo sobra en Nueva Zelanda, son altas colinas, y no me costó demasiado trabajo encontrar una. Cansado de tanto correr, me recordé a mi mismo que tenía que dejar de fumar si salía con vida. Comencé a subir. Detrás, lejos de mí, podía escuchar el rumor de la ola, imponente, temible; tragué saliva y continué el ascenso.
A la mitad de camino, escuché un ruido, entrechocar de…rocas, miré hacia delante y tuvo lugar un desprendimiento. Rocas enormes comenzaron a caer por todas partes, giré la cabeza hacia ambos lados, con urgencia trataba de ver algún hueco donde pudiera refugiarme, vi una pequeña cueva y fui corriendo hacia ella, una piedra me golpeó el brazo y me hizo recular, caer al suelo. Dos piedras más cayeron entre mis rodillas, me hizo dar un grito de dolor. Escuché un fuerte crujido, arrastrándome como pude conseguí llegar al interior de la cueva, me apoye sobre la pared de la misma, jadeando, destrozado y sin poder mover mis piernas, saqué un cigarro y me lo encendí, tratando de tranquilizarme.
El desprendimiento paró. Al menos había tenido suerte y no había taponado la entrada de la cueva. Entonces escuché un ruido ensordecedor, el crujir de madera rompiéndose, los edificios derrumbándose, también escuché gritos. Sin duda había llegado el momento, la ola acababa de impactar sobre la orilla y se llevaba todo a su paso. Apuré el cigarro, lo apagué, y traté de incorporarme. Imposible. Al haber descansado y una vez en frío, no podía mover las piernas. Lo volví a intentar pero lo único que conseguí es lanzar un grito de dolor a causa de forzarlas.
Escuchaba el rumor del agua, estaba acabado, tarde o temprano esta parte también se inundaría, así que decidí pasar las últimas horas de mi vida dejando constancia de lo que me había sucedido, cogí mi grabadora, y como podéis comprobar, aún sigo hablando por ella. Es un poco desconcertante, porque no quiero apagarla, no quiero escuchar en el silencio de la noche, el rumor del agua, o de la tierra quebrarse, llamándome. Prefiero continuar enganchado a este aparato, aunque poco más tenga que decir. Pero mientras sea capaz de hablar, el miedo no me atenazará por completo. Lo más triste es que si escuchara el ruido de un helicóptero, no podría salir fuera para que me vieran; así que, aunque vinieran a salvarme estoy predestinado a quedarme en este maldito agujero. Estoy cansado, pero debo mantenerme despierto, después de todo lo que ha sucedido, quiero esperar a mi destino despierto. Me duelen las rodillas, mi hombro esta dislocado, y estoy cansado, pero debo seguir esperando. Si me duermo, entonces, sí que estará todo…
No puedo creerlo, no sé cuánto tiempo he estado adormilado. La cinta se había parado, así que he vuelto justo al momento donde me quedé dormido. Me voy a encender otro cigarro. A falta de comida, no tengo otra cosa a mano. El ruido ha cesado, así que tal vez todo haya terminado. Tengo que salir y averiguar que ocurre, me arrastraré hasta salir fuera. Estoy casi en la cima, tal vez desde allí pueda vislumbrar que ocurre.
He alcanzado la cima, esto es aterrador, nadie podría creerlo sin verlo. La tierra se hunde bajo el mar, es como el Titánic: se resquebraja, se parte por la mitad y acto seguido se va hacia el fondo. No sé cuánto tiempo me queda pero no es mucho y, ahora, lo único que me importa es encontrar algún lugar donde dejar la grabadora, ya que es obvio que mi supervivencia va a ser imposible.
Un ruido en el cielo, no puedo creerlo. Sólo faltaría una tormenta, ruidosa, con sus rayos y truenos, y que me parta un rayo, así se completaría un día, que ni la más aterradora película de catástrofes podría describir. Un momento, eso parece, no puede ser, no parece, ES un helicóptero, tengo que ponerme en pie, tengo que hacerle alguna señal…
Estoy en el interior del helicóptero, nos alejamos de la zona, y ahora sí que sabría describir lo que ocurrió en la Atlántida, el destino me ha jugado una mala pasada y ahora mismo estoy observando desde la distancia y la altura de un helicóptero, como toda Australia se hunde bajo el mar, es increíble, tengo a un tipo sonriéndome, sentado al lado mía. Un momento, es el operador de cámara, no deja de sonreír mientras me escucha decir esto por la grabadora; bueno, parece que no siempre las personas que no se presentan son irrelevantes en una historia.
El helicóptero se aleja, el amanecer comienza a cruzar el cielo de nuevo y yo ahora sí que tengo mi película. La gente pensará en si el protagonista se merece ser salvado o no, si es verosímil que alguien pueda escapar de semejante catástrofe pero desde luego, de lo que no podrán dudar, es que es real, que ha pasado, y que yo he sobrevivido."
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5 comentarios:
De que me sonará esto... :P
jajajaja, si,ya un dia que nos veamos, te explico como tenia pensado todo esto, y todo venia dentro del mismo saco, y por supuesto agradecer ideas a Ismael como por ejemplo la idea de la explosion del satelite.
Guay!, pues a ver si nos vemos pronto y me pones al dia... Has tardado en poner lo de las plantas, eh! :P
Tío, cuando empezaste con el blog me creía que no lo tenías tan currado ni avanzado, sigue metiendole caña!
Cualquier sugerencia o ayuda, es siempre bienvenida, y eso concretamente, me gusto, para explicar un poco mas, el como conseguir que la luna sea habitable, con un minimo de coherencia.
Y pensar que en verdad todavia no me he metido en faena, que todo esto es una larguisimo trasfondo, de la verdad sobre la historia
Muy buena la idea , pero lo de la grabadora tiene mucha paja y continuamente cambias los tiempos de la acción.
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